EL YOGA Y MIS 40 DÍAS DE MATERNIDAD

El yoga y mis 40 días

EL YOGA Y MIS 40 DÍAS DE MATERNIDAD

El Yoga y mis 40 días.

 

Llevo cuarenta y dos días sin practicar, estando en Karma Yoga absoluto, cien por cien al servicio de Noa, mi hija, tras su llegada a esta Vida, a nuestra familia.

Hoy me he predispuesto a reconectar con mi práctica. Abro el matt. Pongo un mantra que me inspira y lleva a mis entrañas. Tengo ganas. Miedo. Dudas. Pereza. Todo junto y a la vez.

 

Abro con consciencia respiratoria, profundo, observo mis tensiones al respirar, observo como se ha desplazado mi útero, mi abdomen es otro, mis pulmones se ensanchan hacia los lados, pero es lo único que se mantiene, lo demás es distinto. Nada es ya igual. Músculos caídos, fuerza desplazada, dolores nuevos y nunca experimentados. Pero algo me dice que en lo invisible, he vivido un salto. Un salto ascendente y por siempre. Vamos a experimentarlo, me digo.

 

Utilizo la respiración para soltar, para drenar, y en seguida aparece el canal central abierto, el canal central energético abierto de par en par. Todavía latente de la cercanía al parto y de traer Vida. ¡Hay memoria! Mi cuerpo está menos flexible, pero tan abierto al soltar.

 

Empiezo a calentar suave, a combinar lentos movimientos de apertura y afloje de pies a cabeza. Utilizo la respiración por boca, por nariz, intensa, suave, rápida… Dejo que el cuerpo respire y se abra, más y más, y sigue aflojándose sin parar. ¡Qué tesoro volver a sentir que tengo las herramientas para sanar, colocar y reordenar!

Empiezo en lo físico, ásanas, saludos al sol, todo con mimo y con cariño, y en seguida mi cuerpo responde en memoria de todos los años practicados. Surge una alegría interna, y desde la máxima autobservación dejo que mi cuerpo guíe, sin pensar, sin estructura, como si no hubiera practicado antes. Dejo que la memoria corporal femenina guíe, y me mueva.

 

Giros, aperturas, cierres, delante, detrás, torsiones, mi cuerpo se regocija como pez en el agua.

Y dejando de lado lo físico, me sumerjo en el terreno más hondo, en mi cuerpo sutil, y se abre mi cuerpo emocional. Tras el savásana, entro en conexión con mi corazón, directa y llanamente, desde lo fácil y simple, desde lo femenino, y ocurre el proceso inesperado: celebro el Amor, todos mis seres queridos, mi pareja, mi hija, mi familia, mis amigos, mis alumnos y los seres con quién me cruzo en mi camino. Celebro mi propia energía vital con lágrimas en los ojos, mi propósito y mi misión. Más claro que nunca, rescato mi pasión por el Yoga, y mi propósito al compartirlo.

Sin atraparme en lo emocional, decido cruzar esta frontera, sigo ascendiendo y abro el cuerpo energético central, me centro en el silencio, observo la lucha de pensamientos, las ideas, lo que quiero “hacer” y me centro en soltar, soltar y soltar el pensar. Ahora no es tu turno, le digo a mi mente, déjame ir más allá. Dirijo la mirada al entrecejo, sintiendo todavía la lucha del ser rumiante, hasta que aparece el silencio, y recuerdo la cantidad de prácticas en grupo donde hemos creado el silencio grupal, como herramienta poderosa, y reconecto con esos instantes. Me sumerjo, podría decir que sin querer, en este Silencio, en mayúsculas. Pasan los minutos. Se cruzan pensamientos que celebran “Era aquí, era esto, así me nutría, así puedo nutrir a los demás, a mi hija, cómo puede ser que haya personas que no conozcan este espacio para centrarse, para aquietarse, para ser quién son?” Más silencio, más y más. Ya no queda sonido de respiración, ya no queda tensión en mi cuerpo, ya no queda el querer buscar nada, ya no queda nada, y estoy con el Todo.

 

Y desde ahí, al finalizar y cerrar la práctica, automáticamente, surgen ideas de cómo mejorar mi vida, surge el pulso para seguir el día, surgen las ganas de ir a abrazar a mi familia, y allí es donde todo cobra sentido, donde mi práctica ha renacido, mi práctica ya está aquí para quedarse de nuevo, y para ser semilla de cambio, de autotransformación, a diario y sin fuegos artificiales, sin pretender para ascender. Mi práctica llega de nuevo, para reconectarme a esta nueva mujer que canta por dentro y escribe estas líneas por fuera.

 

Recordando que el Camino está abierto para adentro, siempre, para ti.

Agradeciendo este espacio de cuerpo, mente y espíritu.

Namasté.

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